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Posts Tagged ‘salir’

El año pasado me perdí este evento madrileño y aunque en este tampoco tenía unas ganas locas de ir, pues las circunstancias hicieron que al final terminara participando. Así que voy a contar lo que fue para mí La Noche en Blanco, aunque cada uno tendrá sus opiniones y sus puntos de vista. Había un montón de actividades, por lo que quizá mucha gente no haya hecho para nada lo mismo que yo.

Quedamos a eso de las nueve de la noche en Atocha y allí ya pude ver a una gran cantidad de gente que se había desplazado hasta Madrid para pasar esta noche. Este año han hecho una buena campaña de publicidad y si alguien no se ha enterado de que anoche era La Noche en Blanco es porque ha vivido en un búnker esta última semana. Debía haber un recorrido para bicicletas, porque el número de personas que pasaban por la estación con sus bicis fue muy grande. Como ninguno habíamos cenado, nos decidimos a buscar un sitio y pese a la insistencia de un hombre para que entráramos en un nuevo restaurante de la calle Atocha, al final terminamos en Los Zuritos, donde por un precio bastante módico salimos bien cenados.

Tras la cena, había que decidir dónde íbamos. Decidimos quedarnos por el centro y desplazarnos andando hasta Cibeles, pasando antes por el Caixa Forum. Allí pudimos ver unos graffitis virtuales, proyectados en la fachada del edificio. La verdad es que tampoco eran para tanto, los dibujos eran muy simples y no me dijeron absolutamente nada. Tras las coñas que echamos con los grafitis y darles la interpretación que nos salió de ahi mismo, nos fuimos hasta Cibeles donde debería haber algo seguramente. Y lo había, en el edificio de Correos, habían proyectado una serie de labios y habia una grabación en la que una señorita habia grabado una especie de “muak” de distintas maneras (algunas parecían un poco orgásmicas, todo hay que decirlo). Supuestamente todo tenía un significado y un trasfondo muy profundo bastante ñoño que no voy a explicar aquí. Se me olvidaba comentar también que en las fuentes de Neptuno y Cibeles pusieron una especie de patitos de goma amarillos gigantes.

Después nos dirigimos a la Puerta de Alcalá, donde anoche se podía pasar por debajo de la misma, siendo alumbrado por nosecuantos watios de luz. Hicimos cola durante un rato y tras hacer tres o cuatro olas motivadas por los voluntarios que había por allí, pasamos por debajo de la Puerta de Alcalá, con los voluntarios recordándonos que no podíamos quedarnos parados para hacer ninguna foto. Al cruzar la puerta, nos dieron una especie de certificado de “evacuación de Madrid”. Llegados a ese momento, yo empecé a pensar la cantidad de chorradas que se le ocurren a la gente o quizá yo no entiendo de arte y no lo entendía. Pero anoche nos acompañaba una estudiante de Bellas Artes y me dijo que no, que a ella le parecía una chorrada exactamente igual que a mí, por lo que me quedé más tranquilo.

Volvimos a Cibeles y nos dirigimos hacia Gran Vía. De camino, en el Círculo de Bellas Artes estaba toda la gente expectante porque había un señor que se iba a subir a una cuerda a hacer algún tipo de equilibrismo. Estuvimos media hora esperando y al final parece ser que se suspendió por el viento. Indignados por la espera y la gran aglomeración de gente que se había producido, la cual no nos dejaba casi ni respirar, decidimos ir a tomar un chocolate al StarBucks y decidir qué hacíamos. Conseguimos pedir nuestro chocolate y sentarnos en unos butacones bastante cómodos y empezamos a leer la guia de La Noche en Blanco. Nos pusimos de acuerdo en acudir al templo de Debod porque según ponía en la guía, habían recreado como una playa en Madrid. Y allí que fuimos. Cuando llegamos nos encontramos con unos altavoces recreando el sonido de las olas y una iluminación azul al conjunto del templo. Nuestras caras eran un poema.

Así, bajamos por Plaza de España para ir al centro cultural Conde Duque, donde había un concierto. Cuando íbamos de camino, preguntamos a un grupo de gente para aclararnos y ver dónde estaba el sitio, pero nos dijeron literalmente: “podéis ir pero nosotros hemos estado y es una mierda”. Así que como nos pillaron con la desilusión con la que veníamos del templo de Debod, fue unánime la decisión de no acudir. Así que a esa hora empezamos a pensar en irnos a casa. Bajamos por Gran Vía (mucho más descongestionada que cuando la subimos) y en Cibeles intentamos aclararnos con los búhos. Al final nos quedamos tomando un desayuno en un bar donde estuvimos también comentando los videos que daban por el 40 Latino. Después cada uno volvió a su casa.

En resumen, fue una noche en la que lo pasé bien porque con la gente fue todo un sin parar de risas. Pero las actividades a las que nosotros fuimos dejaron bastante que desear. Por otro lado, toda la gente sale a la calle y a veces es un poco molesto, no lo recomiendo a la gente a la que no le gusten las grandes aglomeraciones de gente. Me pensaré seriamente si volveré a ir el año que viene.

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Hoy termino esta “saga” de entregas en las que he intentado contar más o menos mi viaje a Dublín. Y hoy por ser la última, pero no menos importante, voy a centrarla en los pubs y zonas donde uno puede pasar un buen rato por la noche en la ciudad, que también es interesante conocer las costumbres y ambientes nocturnos de otros sitios.

Temple BarLa mayoria de los sitios que he conocido están en el centro o muy cerca de él. Los primeros días básicamente salimos por la zona de Temple Bar. Allí se encuentran la mayoría de los pubs a los que suelen acudir los turistas, por lo que en casi todos los sitios intentan sacar tajada de ello y los precios de la pinta rozan o superan los cinco euros. Pese a ello, merece la pena perderse por las calles que ahora en verano al menos están llenas de gente (a veces me recordaba a España) y entrar en algún sitio donde se ofrezca música en directo. Nosotros estuvimos en varios pubs, empezando por el mismo Temple Bar, que en mi opinión está bien para verlo pero quizá no lo recomiendo como el mejor para tomarse una buena pinta. Quizá uno de los que más me gustó Turkey’s Head, que es un sitio enorme a cinco minutos andando del Temple Bar con una decoración bastante buena y algo más asequible, la única pega es que no había música en directo. Aun así, hay otros donde se tocan o bien versiones de rock en formato acústico e individual o música tradicional irlandesa.

También hay algunos que organizan conciertos todos los días de distintos estilos como rock o reggae. Un buen ejemplo de ello es Mezz, donde cada día hay una actuación de una banda. Yo tuve la suerte de estar en un par de ellas y no salí defraudado. Lástima que me tuviera que ir antes de que terminasen. Otro sitio que me gustó bastante un día de los que fui es O’Sullivan, que es un pub que está en la calle O’Connell y que el primer día que salí en Dublín estuvimos viendo a un chaval con una guitarra tocando versiones en acústico. No se me olvidará que cuando me fui de alli, él estaba tocando Time of your life de Green Day y me iba en dirección a la puerta cantando las últimas palabras, y cuando ibamos a salir por la puerta el chico se despidió de nosotros por el micro y nos dió las gracias.
Mezz Bar

Otra zona interesante para salir es St. George Street. La conocimos gracias a nuestro profesor de la academia, que si alguien que lea esto lo conoce, ya sabe que menudo personaje estaba hecho Owen. Primero nos comentó que era la calle donde estaban los sitios de ambiente gay, pero que había pubs mixtos e incluso varios que no eran de ese rollo. Yo todos los días pasaba en el autobús por esa calle y había visto un sitio con una bandera de arco iris y me preguntaba que sería exactamente. Cuando el profesor nos comentó esto, todas mis dudas se desvancieron. Así que una noche decidimos pasarnos por allí y conocimos un sitio llamado Whelan’s Pub, más barato que los sitios de Temple Bar, con buena música y una especie de terraza arriba donde se podía charlar tranquilamente. También bastante recomendable.

The Church BarEn cuanto a sitios para salir hasta última hora, hay uno que sin duda creo que es de los más curiosos que he visto en mi vida y es The Church. Está cerca de O’Connell Street, y es una iglesia transformada en discoteca-pub. Cuenta con dos plantas, una es tipo pub para tomarse algo y hablar y ya en el sótano tenemos una discoteca donde se puede bailar hasta que el cuerpo aguante. Otro sitio para aquellos que les guste disfrutar más de un ambiente rockero es Dorian’s, situado cerca del Temple Bar. También tiene dos plantas, una donde no faltan ningún clásico del rock (fue mítico el momento de toda la gente de la escuela saltando y cantando al ritmo de Bohemian Rapsody, Highway to Hell o Song 2) y el sótano donde se pincha pop y dance.

El inconveniente más grande a mi parecer que puede tener salir por la noche en Dublín es el tema de la vuelta a casa. Los autobuses salen hasta las 23.30 y después hay un servicio de NiteLink (autobús nocturno) que pasa cada media hora pero no salen todos los días, creo que solo viernes y sábados. Además, el abono semanal no sirve para este servicio, debiéndose pagar 5 euros cada vez que se utilice. Si no queremos ninguna de estas opciones, toca pillar un taxi, de los cuales hay algunos grandes que se pueden compartir entre 6 o 8 personas, por lo que sale bastante asequible. En mi caso, sólo compartía taxi con una chica y de los 9 euros por cabeza no bajaba el precio. Ahí es donde valoré como nunca el transporte público de Madrid, pues es muy fácil volver a casa por las noches sin pagar ni un céntimo más si se dispone de abono de transporte.

Espero que estos post sean útiles a alguien y que también os hayan hecho una idea aproximada de lo que fue una de las más grandes experiencias de mi vida. Ahora La Habitación Perdida retomará su camino en septiembre, donde puede que haya alguna que otra novedad y como no, buena música y buen humor.

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Nochecita toledana

Antes de las vacaciones de Semana Santa, habíamos planeado una visita express a Toledo aprovechando que uno de nuestros colegas es de allí y nos podría hacer de guía por bares y demás. Pues bien, ayer a eso de las 18.30 estábamos cogiendo el bus en la estación de Méndez Álvaro (el viaje cuesta 3,17 euros si tienes carnet joven o 2,77 si dispones de abonos de zonas B3,C2, etc ) y nos pusimos de camino. Tardamos una hora en llegar a nuestro destino porque nos tocó un conductor un poco malo y nos recogió nuestro amigo en la estación. Una vez subidos en su coche empezamos lo que fue la ruta turística de 15-20 minutos por la zona del valle donde hay unas vistas preciosas de todo el casco antiguo de la ciudad. Tras esto, fuimos a comprar la bebida para el botellón al Caprabo (donde por cierto, no conseguimos encontrar patatas fritas y vimos a una niña con un tutú y a una chica con el pelo rosa) y ya empezamos con las cañas y el tapeo. Nuestro amigo nos llevó por distintos bares próximos a la plaza de Zocodover, la mayoría con un precio razonable para las cañas, excepto en uno llamado Lizarrán, que cuando nos dieron la cuenta nos habían cobrado más del doble que en los otros sitios. El sitio que a mí personalmente más me gustó fue el bar Enebro en el que por 1,40 te ponían una caña y una tapa enorme que podía ser de croquetas, carne, muslito de mar con una buena cantidad de patatas con sus salsas y todo. Además tenían terraza y como hacía una noche bastante buena se estaba genial sentado allí.

Cuando ya nos llenamos un poco el estómago bajamos a la zona donde se hace el botellón y allí estuvimos la mayor parte de la noche echandonos unas risas y conociendo a gente. No sé exactamente cuantas personas podrían haber allí concentradas, pero no éramos pocos. Aquí ya empieza el momento en el que uno ya va con su punto o casi mejor que punto, algunos lo que llevábamos era ya más parecido a un círculo de un metro de radio que a el punto. Con este plan ya subimos a la zona de pubs y discotecas, y pasamos a una de la que no recuerdo el nombre por 6 euros con consumición. Estuvimos relativamente poco tiempo porque nos queríamos ir en el primer bus que saliese hacia Madrid, por lo que nos desplazamos a tomarnos los churros y después a la estación. Cuando íbamos para allá me empecé a cagar en todo porque mi móvil no me validaba el código de seguridad y hasta que no me he levantado esta tarde no ha vuelto a darmelo por correcto, vaya cosas que me pasan. Como esta noche se cambiaba la hora, no sé a qué hora exactamente podría decir que he llegado a casa, pero ya estaba la mañana bien entrada. Hoy estoy destrozado, pero merece la pena hacer una cosa de estas de vez en cuando y disfrutar de una noche en un entorno como es Toledo que me parece una ciudad para ir y perderse en ella.

Vista de la ciudad de Toledo ayer por la tarde

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El viernes volvimos a ir a este bar. Creo que es de los mejores que he conocido en todos los años que llevo viviendo en Madrid para empezar una noche de fiesta a un precio más que razonable. Creo que se merecía de sobra hacerle una entrada en el blog.

Está situado en la calle Caramuel, a unos 100 metros de la parada de metro de Puerta del Ángel (Linea 6). Es un bar de los que ya quedan pocos, y su dueño es gallego. Esta vez decidimos ir temprano y quedamos a las 21:30 en la puerta pero ya había bastante gente dentro. Antes de que hubiéramos pasado todos ya teníamos nuestras cañas servidas. Eso fue una de las cosas que más me sorprendieron la primera vez que fui. El viernes nos encontramos con que otra vez estaba Rita (la hermana de Eusebio) al cargo de la barra, y como siempre le preguntamos que dónde andaba Eusebio. Las respuestas mejor me las guardo, preguntadle si vais alguna vez. Así que allí empezamos a pedir cañas, una tras otra y cuando nos dimos cuenta ya llevabamos seis. Las cañas son en vaso de sidra, es decir, son de un tamaño más grande que en cualquier otro bar y el precio de cada una son 2 euros (antes eran a 1,50, pero sigue mereciendo la pena). En cuanto pudimos nos cogimos sitio en la misma barra y de ahi ya no había quien nos moviera. Así que en cuanto salía una bandeja con pinchos (puedes comer todo lo que quieras), nosotros éramos los primeros en tenerla en nuestras manos para pillarlos.

Cuando nos terminamos la sexta cerveza, era obligado tomarse allí la primera copa. Así que cada uno pidió la copa que le apetecía, Rita nos puso el vaso con los hielos y nos dio la botella para que nos echásemos lo que quisiéramos. Las copas valen 5 euros, pero teniendo en cuenta que se sirven en un vaso del mismo tipo que el de las cañas y que tú decides lo que te echas, sale bastante rentable tomarse allí alguna antes que en cualquier garito de Madrid a partir de ciertas horas. Así que por 17 euros salimos de allí cenados y con el puntillo necesario para ir un rato de fiesta.  Cuando dejas algo de propina, tocan una especie de cencerro, sobretodo cuando está Eusebio que se encarga de que suene bastantes veces durante toda la noche.

A las 12 salimos de allí hinchaos de comer y beber para dar una vuelta por Huertas. Para terminar solo destaco el buen rollo que se respira en el bar, pese a estar apretujados, la gente va pasando las bandejas con los pinchos muy amablemente. Cómo me gustan los viernes que empiezo así la noche.

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