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Archive for 29 noviembre 2008

Tras estas entradas tan desanimadas, quiero decir que ya me encuentro mejor y que voy viendo la luz. Ha sido una mala racha como la que puede tener cualquiera. Y creo que lo mejor que podía hacer es contar el concierto privado de La Oreja de Van Gogh al que tuve la suerte de asistir el pasado miércoles donde presentaron su disco A las cinco en el Astoria.

Lo primero que quiero apuntar antes de centrarme en lo que fue el evento es en la mala organización del mismo. El grupo no tiene nada de culpa en este aspecto, pero si la empresa patrocinadora en la forma de distribuir las invitaciones y también tienen su parte de culpa la caza de brujas que el ayuntamiento de Madrid está haciendo a las salas que hay actualmente. Hubo cien personas que se quedaron en la calle debido a que la sala tuvo que reducir su aforo un 35% el pasado lunes y que se distribuyeron entradas VIP para personajes tan variopintos como Belen Esteban.

Llegamos a las 20.10 a las puertas de la sala, en la que había una cola enorme que llegaba hasta la conocida churrería de San Ginés, lugar donde nos pusimos. No hubo que esperar demasiado, y a las 20.40 ya estabamos dentro donde me encontré con Pilar Rubio que en persona es igual o más guapa que en la tele. Nos regalaron una camiseta de Europa FM y tras eso, pasamos al lugar donde se daba el concierto, en el que habia una pantalla gigante promocionando la marca de zapatillas que patrocinaba el evento. Habia gente de todas las edades, desde los típicos fans niñatos a gente más madura. No sé si todos los que estaban allí habían tenido que ir a El Corte Inglés y pasarlas como yo las pasé para conseguir las invitaciones, pero lo cierto es que allí estaban.

El grupo salió a eso de las 21.15 y empezaron con un intro, algo ya común en todos sus conciertos, pero esta vez Leire colaboraba en el mismo. Así, empezaban a sonar la guitarra que introduce Más y todo el público empezó a cantar con la nueva vocalista. El público en general no paraba de piropear y animar a la nueva cantante, la cual ha tenido una gran aceptación por todo el mundo. Sin duda se encuentra en un mejor momento vocal que Amaia Montero, y eso es ya mucho porque venía siendo el defecto que el grupo arrastraba estos últimos años. Se entremezclaron temas nuevos como Sola con otros clásicos como París. Admito que me daba cierto morbo o curiosidad escuchar las canciones viejas en esta nueva voz. Leire se limitó a cantar poniendo cada nota en su sitio, sin improvisar nada sobre lo que podemos escuchar en la grabación de estudio hecha por Amaia, pero llegando a donde tenía que llegar con su voz sobradamente. También los cuatro chicos demostraron lo que han aprendido musicalmente en estos años y sinceramente, creo que tocaron mucho mejor que en ocasiones anteriores que he tenido la suerte de verles.

El momento cumbre del concierto vino cuando todos se fueron menos la vocalista y Xabi para interpretar Jueves, el tema dedicado al 11 de marzo. Insisto en que este tema suena mejor en directo que en el disco, está más desnudo y se luce más la voz y el piano. La actitud del público fue sorprendente. Cuando empezaron a sonar las primeras notas la gente se empezó a quedar en silencio para poco a poco acompañar a la voz pero en un canto que parecía un susurro. Y es que sin duda es el tema que Leire mejor interpreta y el más especial de todo el repertorio. En la interpretación de Muñeca de trapo ví lo que no veía con Amaia en directo: un tema intenso en el que la voz llega a las notas altas sin ningún problema y expresa toda la complejidad que trata de una manera acertada. El concierto se cerró con El último vals y para la sorpresa de todos los que estabamos alli, pues no esperábamos un concierto con tan solo nueve canciones. Pero como dice el sabio refrán: a caballo regalado…

En definitiva, fue la puesta en marcha de esta nueva etapa del grupo y un tanteo a la reacción del público. Habrá que esperar a la gira de verano para ver cómo se defiende el grupo en un concierto más completo, aunque de momento las cosas tienen buena pinta. El grupo ha salido ganando con este cambio y el público los apoya como nunca. No pueden pedir más.

Intro + Más

Jueves

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Cuando las cosas se calman en un aspecto de la vida, empiezan a parecer descontrolarse por otro. Siempre he tenido una predisposición extraña en la vida para que esto ocurra. No sé como lo hago. Pero ya estoy harto y quiero poner fin a esto, porque no puedo más. Estoy harto de crearme ilusiones, de abrazar nubes de humo, de dar palos de ciego.

Como dice la primera frase del tema que voy a poner hoy, no sé si quedan amigos ni si existe el amor. Me lo pregunto últimamente muy a menudo. Y creo que tengo un gran problema o una gran carencia afectiva, porque no estoy cómodo. ¿Por qué cuando estoy a gusto todo desaparece de repente? Quizá la respuesta a esa pregunta sea lo que más necesito saber y nadie me la da.

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Miedo

Todos los días parecen el mismo. El mismo recorrido, las mismas caras, algunas cosas buenas, los mismos detalles que hacen que a veces sea un día gris… Y a veces uno siente miedo. Y el miedo crea inseguridad. Y la inseguridad hace que cada día uno sepa menos hacia dónde va o lo que quiere hacer con su vida. En otras ocasiones uno no sabe si tanto esfuerzo realizado durante años ha merecido la pena, sobretodo si uno a veces cree que ese esfuerzo ahora no compensa.

A veces tengo ganas de coger mi chaqueta, irme y mandar todo muy lejos con las consecuencias que eso pudiera tener. Pero la diferencia entre hacer lo que uno quiere y lo que uno debe siempre la marca el mismo parámetro: el dinero. Así que uno se reprime esas ganas y agacha la cabeza y sigue haciendo lo mismo cada día pese a no ser feliz. La sensación de haber perdido mi libertad empieza a rondarme cada noche, y a veces me asfixia, me da dolor de cabeza, me golpea fuertemente hasta dejarme sin aliento.

Estos cinco últimos años he vivido situaciones parecidas pero creo que nunca me había sentido como ahora. Sería que no veía peligrar muchas cuestiones personales y no tenía mucha separación entre lo profesional y lo personal. Ahora esa separación es distinta porque la gente que tenía alrededor ya no está y necesito tiempo para poder compartirlo con todas esas personas y alguna que otra que va apareciendo de repente y que se merece también un hueco. Pero cada día ese tiempo se esfuma en otros quehaceres y siempre se sacrifican los minutos que uno debería invertir en sus relaciones personales. Se va y no vuelve. Y al reflexionar sobre ello cada noche en la soledad de mi cuarto aparece ese miedo del que hablaba antes. Ese miedo que crea inseguridad.

Quizá debería cambiar las cosas antes de que esta situación se apodere de mi y sea ella la que coja las riendas de mi vida y no yo. Y eso es lo que me importa: ser yo quien decida lo que quiero hacer y cómo invertir mi tiempo.

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